La velocidad y volatilidad del mundo de hoy, lleva consigo el reto de cómo atraer la atención para ejercer influencia en el conocimiento, en el mercado,  en el deporte, en la política, en la espiritualidad y en cualquier otra dimensión de la sociedad.

Cabe considerar que si algo es un recurso limitado en un mundo hiperconectado, es la atención y esto lo corrobora el neurocientífico Dr. Estanislao Bachrach, quien nos regala una data interesante: cada 11 minutos algo nos interrumpe, cada 10 segundos cambiamos de pensamiento, al dia tenemos 64.00 pensamientos es decir, estamos híper estimulados, por lo tanto, la atención,  es  la joya de la corona, para lograr seducir a esa audiencia con nuestro mensaje, producto, servicio que queremos ofertar.

Sin duda, en esta incesante exploración  de como pensamos, sentimos y actuamos, el cerebro, ocupa uno de los primeros lugares, para conocer y utilizar los  recursos que allí se encuentran y una de esas investigaciones ha sido realizada por un equipo de investigadores del Massachusetts Institute of Technolgy (MIT), en Boston.

Colocaron a un universitario de 19 años un sensor electrodérmico en la muñeca para medir la actividad eléctrica de su cerebro las 24 horas durante siete días. El experimento arrojó un resultado inesperado: la actividad cerebral del estudiante cuando atendía a una clase magistral era la misma que cuando veía la televisión, prácticamente nula, confirmando que el procesamiento lingüístico no es el protagonista del querer saber.

Hace largo tiempo la neurociencia alude frecuentemente: “sin emoción no hay aprendizaje” esto explica el desafio de generar un estado emocional asociado al comportamiento que se quiere lograr. Es frecuente escuchar en los estudiosos del tema que el cerebro presta atención a la novedad, procesando los datos desde el Hemisferio Derecho, más relacionado con el  permiso para la fantasía,  el vuelo libre, la intuición y los espacios reveladores que vienen de hacer un mayor contacto con el poder cerebral.